Desde el principio de la civilización, en el occidente de Asturias se han explotado, entre otros recursos naturales, los minerales existentes en estas tierras. Dentro de estos minerales cabe destacar el que podemos considerar como mítico para los pueblos primitivos; nos estamos refiriendo al mineral aurífero.
El oro se nos ofrece en la naturaleza de diversas formas pero comúnmente lo que da lugar al elemental sistema del bateo es el aprovechamiento de los arrastres que hacen las aguas de las piedras de cuarzo que en medio de las tormentas y aluviones se rompen liberando las pepitas de oro que llevan dentro. Posteriormente estas pepitas son laminadas por los cantos rodados en su peregrinar por los cauces del río, quedando divididas en múltiples y pequeñas partículas, que dado su alto peso específico, van depositándose en los fondos de los saltos de agua, en los remansos de los recodos y en cualquier lugar propicio donde, fuera de las fuertes corrientes, las arenas permitan la filtración de este apreciado mineral.
Lo que en una época pudo haber sido un sistema de explotación del mineral de forma artesanal o industrial con fines prácticos, como es el bateo de oro, en la actualidad, este sistema de poca rentabilidad como explotación, ha pasado a ser de gran utilidad como atractivo turístico y deportivo, llegando a recomendarse su práctica como relax frente al estrés de nuestra época.
El bateo del oro no necesita especiales cualidades ni grandes inversiones en equipamiento, sólo necesita amor por la vida libre y la naturaleza. La emoción de esta práctica, al igual que en la pesca, procede del desafío que se plantea con la ilusión por encontrar una buena pieza.
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